🍷 El Almuerzo Soñado
Kunle se vistió con su mejor traje. Quería causar una buena impresión. El restaurante que eligió era elegante, más de lo que su bolsillo podía permitirse, pero el entusiasmo lo empujó a seguir adelante.
Al llegar, se llevó la primera sorpresa: Abike y su amiga ya estaban allí, sonrientes… y con dos botellas de vino servidas. Una para ellas. Una para él.
Kunle tragó saliva. El vino costaba casi tanto como su sueldo. Pero antes de que pudiera protestar, Abike sonrió y le dijo:
—“Tranquilo, yo invito. Fui quien eligió el lugar.”
El gesto lo desconcertó. Nadie lo había tratado así en una primera cita. Desconfiado, pero encantado, decidió disfrutar la velada.
Comieron. Rieron. Hablaron de todo: de trabajo, de sueños, de música. Fue, en sus palabras, “una cita perfecta.”
Al despedirse, Abike pidió un Uber y también lo pagó.
Kunle no podía creerlo. Caminó hasta casa de su amigo Jide para contarle lo sucedido, emocionado como un adolescente enamorado.
😂 “He Encontrado a la Indicada”

—“Hermano, esta chica es diferente.”
—“¿Qué hizo?”, preguntó Jide medio dormido.
—“Pagó todo. Comida, vino, Uber… todo. Y ni siquiera me pidió que le diera nada.”
Jide se incorporó de golpe.
—“¿Tú estás seguro? ¿No hay trampa?”
Kunle se echó a reír.
—“Trampa de qué, hombre. Es la mujer perfecta. La voy a llamar ahora mismo para pedirle que sea mi novia.”
Fue entonces cuando su teléfono empezó a sonar. Era Abike.